En nuestras entregas anteriores hemos aprendido a planificar y a proyectar nuestra identidad. Pero, ¿qué sucede cuando recibimos un comentario ofensivo, una crítica destructiva o nos enfrentamos a un “hater” (odiador) en las redes de la parroquia o de la diócesis?
El instinto humano nos impulsa a defendernos o a atacar con la misma moneda, pero el agente comunicacional cristiano debe recordar que su teclado es un instrumento de paz, no un arma de guerra.
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La gestión de crisis en el entorno digital de la Iglesia no busca “ganar discusiones”, sino salvaguardar la comunión y dar testimonio de la Verdad con amor. Para ello, te propongo cuatro recomendaciones.
Discernir la fuente
No todos los comentarios negativos son iguales. Debemos aprender a distinguir ¿Es una duda o un ataque?: La duda legítima: Alguien que pregunta con dureza pero busca entender. A estos se les responde con paciencia y formación.
La queja constructiva: Un feligrés que señala algo que se puede mejorar (ej. «el audio de la misa no se escuchó»). Se agradece, se reconoce el error y se informa que se está trabajando en ello.
El ataque malintencionado: Comentarios ofensivos, blasfemos o que solo buscan provocar. Ante esto, la mejor respuesta es la serenidad.
La regla de oro: la pausa de los 10 minutos
Nunca respondas bajo el efecto de la ira o la indignación. Una respuesta impulsiva puede generar un incendio digital que dañe la imagen de la comunidad. Te recomiendo, lee el comentario, respira, reza un Ave María y deja pasar unos minutos. Si la respuesta no va a edificar, es mejor esperar o, en casos extremos de insultos graves, simplemente ignorar y reportar.
“Suaviter in modo, fortiter in re” (Suave en la forma, firme en el fondo)
Cuando sea necesario corregir una información falsa sobre nuestra fe o nuestra Iglesia, debemos hacerlo con firmeza teológica pero con una amabilidad exquisita. Como nos dice San Pedro: “Dad razón de vuestra esperanza… pero hacedlo con dulzura y respeto” (1 Pe 3, 15). Y evita el sarcasmo, es una forma de violencia que cierra las puertas al diálogo.
¿Cuándo borrar o bloquear?
La libertad de expresión no es libertad de agresión. Como administradores de una comunidad de fe, tenemos la responsabilidad de mantener un ambiente sano. El criterio para borrar los comentarios es que contengan un lenguaje obsceno, insultos directos a personas, difamación o pornografía. El bloqueo es el último recurso para usuarios que persisten en el acoso.
Invitación
El perdón también es digital. Nuestra presencia en las redes debe ser el reflejo de una Iglesia que sabe perdonar. A veces, una respuesta amable ante un ataque desarma al agresor y se convierte en el mayor acto de evangelización del día.
Recuerda, querido agente comunicacional: detrás de cada comentario agresivo suele haber un corazón herido que, aunque no lo sepa, tiene sed de Dios. Que tu respuesta sea el agua que apague ese fuego.
Pbro. Jhonny Zambrano
Vicario Episcopal de Comunicación


