“En una ciudad marcada por la desigualdad, el desempleo juvenil, el abandono escolar y la fragilidad familiar, la proclamación del Evangelio no puede existir sin una presencia concreta y solidaria, que involucre a cada uno de nosotros: sacerdotes, religiosos y laicos”, con estas palabras el Papa León XIV animó este viernes, 8 de mayo, a los Obispos, el clero, los religiosos y religiosas de Nápoles, en el marco de su visita pastoral a Pompeya y Nápoles.
“En una ciudad marcada por la desigualdad, el desempleo juvenil, el abandono escolar y la fragilidad familiar, la proclamación del Evangelio no puede existir sin una presencia concreta y solidaria, que involucre a cada uno de nosotros: sacerdotes, religiosos y laicos”, con estas palabras el Papa León XIV animó este viernes, 8 de mayo, a los Obispos, el clero, los religiosos y religiosas de Nápoles, en el marco de su visita pastoral a Pompeya y Nápoles.
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Tras haber visitado Pompeya la mañana de este viernes, el Santo Padre se trasladó a Nápoles, la segunda etapa de su visita pastoral. A su llegada a la capital de la región Campania el Pontífice fue recibido por el arzobispo de Nápoles, el cardenal Doménico Battaglia y las autoridades civiles de la ciudad. Luego, el Papa se trasladó a la catedral partenopea para el encuentro con los Obispos, el clero, los religiosos y religiosas de Nápoles. Al iniciar su discurso, el Pontífice agradeció a los consagrados por su acogida.
“Es una gran alegría para mí visitar esta ciudad, tan rica en arte y cultura, situada en el corazón del Mediterráneo y habitada por un pueblo singular y alegre, a pesar de las dificultades que enfrenta”.
«Caminaba con ellos»
Su reflexión se desarrolló a partir del pasaje del Evangelio sobre los dos discípulos de Emaús (Lucas 24:13-31), proclamado en presencia del Obispo de Roma. El pasaje «Caminaba con ellos» es también el lema elegido para esta visita pastoral. «Cuidado» es la palabra que resuena en el corazón del Pontífice, quien compara a los dos discípulos con quienes viven hoy incapaces de interpretar los signos de la historia, «desalentados y decepcionados» por esperanzas «personales y pastorales» incumplidas, con rostros tristes y amargura en sus corazones.
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