En una emotiva y organizada Eucaristía presidida por Monseñor Lisandro, junto al párroco el Pbro. Rodrigo Varela y el Pbro. Ricardo Prato, estos jóvenes recibieron la plenitud del Espíritu Santo para ser testigos valientes del amor de Dios
“Con el fervor como el que le tenemos al Santo Cristo de La Grita, al Nazareno de San Pablo en Caracas, en San Cristóbal tenemos el guardián que es el Señor de Limoncito, al cual rendimos nuestro amor y adoración”
En un recorrido simbólico y pastoral por las distintas subregiones del estado, el Obispo trazó el mapa espiritual de la diócesis a través de sus comunidades
“En el primer tiempo el equipo lo intentó, pero un error nuestro nos costó, nos hicieron un gol y el plan inicial sufrió un poco, pero el cambio de actitud y la responsabilidad de los jugadores fue fundamental para quedarnos con la victoria”
Cuando nos reunimos como comunidad cristiana en torno al altar, Cristo no solo está presente en el sacerdote que preside o en la palabra que se proclama, sino que Él mismo es el altar, la víctima y el alimento
Ceremonia de beatificación en la Iglesia del Colegio La Salle en Caracas
En una emotiva y organizada Eucaristía presidida por Monseñor Lisandro, junto al párroco el Pbro. Rodrigo Varela y el Pbro. Ricardo Prato, estos jóvenes recibieron la plenitud del Espíritu Santo para ser testigos valientes del amor de Dios
“Con el fervor como el que le tenemos al Santo Cristo de La Grita, al Nazareno de San Pablo en Caracas, en San Cristóbal tenemos el guardián que es el Señor de Limoncito, al cual rendimos nuestro amor y adoración”
En un recorrido simbólico y pastoral por las distintas subregiones del estado, el Obispo trazó el mapa espiritual de la diócesis a través de sus comunidades
“En el primer tiempo el equipo lo intentó, pero un error nuestro nos costó, nos hicieron un gol y el plan inicial sufrió un poco, pero el cambio de actitud y la responsabilidad de los jugadores fue fundamental para quedarnos con la victoria”
Cuando nos reunimos como comunidad cristiana en torno al altar, Cristo no solo está presente en el sacerdote que preside o en la palabra que se proclama, sino que Él mismo es el altar, la víctima y el alimento