El Evangelio de este XI Domingo del Tiempo Ordinario (Mateo 9, 36 – 10, 8) nos presenta un momento cumbre: Jesús, conmovido por una multitud «desamparada y dispersa, como ovejas sin pastor», convoca a los doce apóstoles y los envía a la acción.
Al llamarlos por su nombre, no elige a hombres perfectos, sino a personas comunes con historias complejas, transformándolos en portavoces de su compasión.
Hoy, la actualidad replica con fuerza ese escenario de orfandad. Vivimos en una sociedad hiperconectada pero profundamente sola, fracturada por la polarización, la ansiedad y una constante búsqueda de sentido.
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Las multitudes de nuestro tiempo siguen estando heridas y dispersas. Ante este panorama, el reclamo de Cristo resuena con urgencia: «La cosecha es abundante, pero los obreros son pocos».
La llamada de los apóstoles no es un relato del pasado; es el espejo de nuestra vocación actual como Iglesia.
El cristiano de hoy no puede ser un espectador indiferente frente al sufrimiento ajeno. Estamos llamados a ser esos obreros que salen al encuentro de las periferias existenciales para curar, consolar y reconstruir la esperanza.
Frente a la lógica del descarte y el individualismo que impera en el mundo, Jesús nos entrega una brújula contracultural: «Lo que recibieron gratis, denlo gratis».
El editorial de nuestra vida diaria debe ser la entrega generosa. Seamos testigos creíbles de ese Reino que ya está cerca, ofreciendo el bálsamo de la misericordia allí donde el dolor parece tener la última palabra. Así sea.
Pbro. José Lucio León Duque
Director


