Personalmente el verbo “restaurar” es muy significativo. Esto debe llevar en un primer momento una reestructuración cognitiva, para lograr luego el cambio eficaz y profundo en el corazón, es decir, en la forma de gestionar la vida desde las emociones y sentimientos que vivimos, así cambiando nuestra manera de pensar, cambiará nuestra manera de vivir.
La estrategia
Existe un episodio bíblico en el libro de Josué 6, 1-22, donde el Señor pide a su pueblo que no ataque directamente la ciudad, que no se angustie por las altas y poderosas murallas, sino que, por el contrario, se ocupe tranquilamente de otras cosas que no tienen relación alguna con el problema en cuestión, confiando en Él. Sin embargo, en algún momento inesperado, se derrumban por sí solo las murallas de Jericó. Les invito a leer la cita que les indico.
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De este episodio bíblico, podemos tomar que todas aquellas situaciones que nos agobian y nos quitan tranquilidad y paz, si no se saben gestionar, es decir, se toman muy a pecho, como si fueran cosas de vida o muerte; existe el riesgo, el caer en la desesperación llevando a tomar decisiones y acciones equivocadas, que cuestan muchas personas y cosas importantes de la vida.
La gratuidad
En esta línea que venimos presentando, la Sagrada Escritura nos orienta a no hacer de nuestra propia estima, el objetivo de nuestra vida; sino por el contrario trata de vivir cada experiencia de la vida con gratitud.
Es necesario dar espacio y tiempo a nuestros deseos más profundos. Dios en su tiempo nos dará la oportunidad de realizarloc, pero es necesario vivir con un sentido de gratuidad, no pensar tanto en nosotros, sino en los que nos rodean ¿Cómo hacerlo? Donando nuestro tiempo, espacios, cualidades, habilidades, dones y carismas en pro del crecimiento y bien común, aquí Dios nos ofrecerá más de lo que podemos pedir. Dando es como se recibe nos recuerda san Pablo.
La misericordia
La gratuidad vivida y ofrecida permite conocer que la vida en relación con otros, es digna de valor. Aun cuando puedan encontrarse defectos e incapacidades, la capacidad de mirar al otro con misericordia, me permite crecer y vivir con la mayor gratuidad. Es vivir aquella obra de misericordia: “Llevar con paciencia los defectos de los demás”.
Es mirar al otro como hermano y amigo, dejando de lado verlo como una amenaza, sino por el contrario ver en el otro sus cualidades y bondades, como oportunidades que me aportan para mi crecimiento. El Sermón de la montaña, presenta claro que lo importante de la vida no es ser vistos o admirados, sino que nos reconozcan por hacer el bien a través de nuestro encuentro asertivo con los demás. Esta es la bienaventuranza de lo gratuito.
Donarse
Podríamos preguntarnos ¿Cómo se puede vivir bajo la gratuidad, cuando la vida está marcada por heridas profundas que condicionan la motivación, bloquean el entusiasmo y la capacidad de riesgo y asombro? Aquí recurro nuevamente al Evangelio, donde las personas incapaces, heridas, marcadas, excluidas, pobres desde diferentes puntos de vista, son precisamente los más idóneos para vivir la gratuidad.
Los que son capaces de la gratuidad, de la hospitalidad, de la auto donación son los siervos inútiles, los pobres de Yahvé, los pequeños… en el Evangelio y la vida los gestos generosos vienen de aquellos que no cuentan para nada, recordemos la viuda que se acerca a la alcancía del templo, “ha dado su vida” (Mc. 12, 44). Lamentablemente quien es más rico en cosas, cualidades y habilidades es más duro a dar y darse. Cuando da, lo hace de mala gana, de lo que le sobra y haciéndose notar.
La pobre viuda lo da todo desde su miseria. Ofrece desde ese límite, que podría ser utilizado por ella como excusa. Aquí podríamos decir, solo quien no posee, puede donar y donarse… aquí vale la pena recordar, que quien se afana por “poseer” sean cosas o personas, no ama; solo busca beneficiarse desde su propósito personal.
Conclusión
El sentido del valor como persona, solo puede ser recibido por otro como experiencia de gratuidad. Vivir sin tener nada, es el terreno precioso de poder vivir la gratuidad y la donación de su ser. Vivir lo gratuito de la vida, nos invita a saborear la providencia de un Dios que nos ama y es capaz de sostenernos, desde su gratuidad suprema. Por tanto, la pobreza, los defectos y las incapacidades pueden convertirse en la base para una donación plena y gratuita de sí mismos, siendo un reflejo del Señor.
Pbro. Jhonny Zambrano