Cuando apareció la televisión en el mundo, muchos pronosticaron que la radio iba a desaparecer. Cuando llegó internet, no faltaron las voces que la sentenciaron como un medio obsoleto que nadie volvería a utilizar. Aún más, en los albores de la era digital, las redes sociales también fueron señaladas como una amenaza letal para las ondas radiofónicas. Sin embargo, contra todos los pronósticos, la radio llegó para quedarse. Ya sea en amplitud modulada, frecuencia modulada o en su versión digital, este medio de comunicación sigue vigente y lo estará para las próximas generaciones.
¿Cuál es el secreto de su permanencia? La respuesta es sencilla: la radio se ha reinventado. No solo ha transformado la forma de difundir sus contenidos, sino también la manera de hacerlos. Desde las tradicionales radionovelas que cautivaron a nuestros abuelos, hasta los dinámicos magazines de hoy, la radio ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia.
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Y es que la radio cumple, como ningún otro medio, con los objetivos fundamentales de la comunicación: formar, informar y entretener. Forma porque educa y eleva el espíritu; informa porque lleva la verdad a los hogares con inmediatez y cercanía; entretiene porque acompaña en la soledad y alegra los días de quienes la sintonizan. Hay algo profundamente humano y es la voz que viaja por el aire y llega al oído del oyente como un amigo que toca su corazón.
En Venezuela, la historia de la radio tiene un significado particular. Desde sus inicios, ha sido vehículo de unión familiar, de difusión cultural y de expresión de la fe. En un país donde las distancias y las dificultades de conectividad son una realidad cotidiana, la radio sigue siendo ese lazo que mantiene comunicadas a las comunidades, especialmente en las regiones más apartadas.
Es por ello por lo que, con gran alegría, desde el Diario Católico Decano de la prensa tachirense nos unimos a la celebración de la Radiodifusión en Venezuela y seguimos valorando el esfuerzo de aquellos, quienes desde muy temprano hasta largas horas de la noche llevan el mensaje de la verdad a través de las ondas hertzianas, entre ellas las radios que contribuyen en Venezuela con la promoción del Evangelio y a través de los micrófonos comunican Vida.
La radio no ha muerto ni morirá. Como la Iglesia misma, se renueva sin cambiar su esencia. Porque hay mensajes que no se apagan, voces que no se callan y una verdad que siempre encuentra el camino para llegar al corazón de los hombres. La radio, como la fe, es un puente que une, un eco que perdura y una luz que nunca se extingue.
Pbro. Jean Carlos Yepes


