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Papa Francisco: nacionalismos e individualismos rompen el “nosotros”

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Mensaje del Santo Padre para la 107.ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado 2021, que se celebrará el 26 de septiembre: “Hacia un nosotros cada vez más grande”.

 

En un momento en que «los nacionalismos cerrados y agresivos y el individualismo radical desmoronan o dividen el nosotros, tanto en el mundo como en la Iglesia», el Papa Francisco sueña, en su Mensaje para la 107ª Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, con un «futuro en color». Un futuro, es decir, en el que la Iglesia sea «cada vez más inclusiva» con los migrantes y refugiados de otras confesiones para desarrollar el diálogo ecuménico e interreligioso, y en el que el mundo se «enriquezca con la diversidad y las relaciones interculturales» y las fronteras se transformen en «lugares privilegiados de encuentro».

El Papa indica este doble camino a los «miembros de la Iglesia católica» y a «todos los hombres y mujeres del mundo», para evitar un riesgo que agravaría aún más la suerte de la humanidad ya herida por la pandemia. Y es que, «una vez pasada la crisis sanitaria, la peor reacción sería caer aún más en un consumismo febril y en nuevas formas de autoprotección egoísta».

Un camino común en un mundo en crisis

El Papa Francisco revela esta preocupación suya – ya expresada en la Encíclica Fratelli tutti – al comienzo de su Mensaje, firmado en San Juan de Letrán el 3 de mayo, fiesta de los Santos Apóstoles Felipe y Santiago. A esta preocupación el Pontífice acompaña un deseo: «Que al final ya no haya ‘los otros’, sino sólo ‘nosotros'». Y es precisamente «nosotros» el leitmotiv del documento papal titulado «Hacia un nosotros cada vez más grande», elegido -explica el Pontífice- para «indicar un horizonte claro para nuestro camino común en este mundo».

El «nosotros» querido por Dios hoy herido y desfigurado

Un mundo que con la emergencia sanitaria atraviesa uno de sus momentos de mayor crisis, en el que «el ‘nosotros’ querido por Dios» parece haberse «roto y fragmentado, herido y desfigurado». «Los nacionalismos cerrados y agresivos y el individualismo radical desmoronan o dividen el nosotros, tanto en el mundo como dentro de la Iglesia», denuncia el Papa Francisco. «El precio más alto lo pagan los que más fácilmente pueden convertirse en los otros: los extranjeros, los migrantes, los marginados, los que habitan las periferias existenciales».

En realidad, «estamos todos en el mismo barco», reiteró el Papa, recordando las palabras elevadas al cielo en la oración por el fin de la pandemia el 27 de marzo de 2020, en una desierta plaza de San Pedro. «Todos estamos en el mismo barco» y, precisamente por eso, «estamos llamados a comprometernos para que no haya más muros que nos separen, no haya más otros, sino un solo nosotros, tan grande como toda la humanidad».

Una Iglesia cada vez más inclusiva

A los católicos, el Obispo de Roma les pide que «sean cada vez más fieles a su ser católico». «La catolicidad de la Iglesia, su universalidad, es una realidad que pide ser acogida y vivida en todos los tiempos, según la voluntad y la gracia del Señor que ha prometido estar con nosotros siempre, hasta el final de los tiempos. Su Espíritu nos hace capaces de abrazar a todos para hacer comunión en la diversidad, armonizando las diferencias sin imponer nunca una uniformidad que despersonalice», escribe. «En el encuentro con la diversidad de los extranjeros, los migrantes, los refugiados, y en el diálogo intercultural que puede resultar, se nos da la oportunidad de crecer como Iglesia, de enriquecernos mutuamente. En efecto, dondequiera que se encuentre, todo bautizado es de derecho miembro de la comunidad eclesial local, miembro de la única Iglesia, habitante de la única casa, miembro de la única familia».

Atender a los heridos, sin prejuicios ni miedo

Concretamente, explica el Pontífice, es necesario comprometerse, «cada uno a partir de la comunidad en la que vive», para que «la Iglesia sea cada vez más inclusiva» y pueda, en consecuencia, «salir a las calles de las periferias existenciales para curar a los heridos y buscar a los perdidos, sin prejuicios ni miedos, sin proselitismo, pero dispuesta a ensanchar su tienda para acoger a todos». «Entre los habitantes de las periferias encontraremos a muchos emigrantes y refugiados, desplazados y víctimas de la trata, a los que el Señor quiere que se manifieste su amor y se anuncie su salvación», dice el Papa Francisco. «Los encuentros con migrantes y refugiados de otras confesiones y religiones son terreno fértil para el desarrollo de un diálogo ecuménico e interreligioso sincero y enriquecedor».

Dejarse enriquecer por la diversidad

El mismo espíritu inclusivo invoca el Papa para el mundo: «Recomponer la familia humana, para construir juntos nuestro futuro de justicia y paz, asegurando que nadie quede excluido», es su llamamiento. El futuro de la sociedad que prefigura Francisco es un futuro «en color», «enriquecido por la diversidad y las relaciones interculturales». Pero para que esto no se quede, precisamente, sólo en un sueño «debemos aprender hoy a vivir juntos, en armonía y en paz». «Debemos -insiste el Santo Padre- comprometernos todos a derribar los muros que nos separan y construir puentes que favorezcan la cultura del encuentro, conscientes de la íntima interconexión que existe entre nosotros». En esta perspectiva, «las migraciones contemporáneas nos ofrecen la oportunidad de superar nuestros miedos para dejarnos enriquecer por la diversidad del don de cada uno. Entonces, si queremos, podemos transformar las fronteras en lugares privilegiados de encuentro, donde puede florecer el milagro de un nosotros cada vez más grande».

El cuidado de la Creación, un compromiso que no distingue entre nativos y extranjeros

En el mensaje Papal no falta un llamamiento para «asegurar el cuidado adecuado» de la creación, nuestra casa común. Una misión que incumbe a todos, sin distinción. «Pido a todos los hombres y mujeres del mundo que hagan buen uso de los dones que el Señor nos ha confiado para conservar y hacer aún más bella su creación», dice el Papa. «Debemos constituirnos en un nosotros cada vez más grande, cada vez más corresponsable, con la firme convicción de que todo el bien que se hace al mundo se hace a las generaciones presentes y futuras». Es un compromiso «personal y colectivo» que «asume todos los hermanos y hermanas que seguirán sufriendo mientras buscamos un desarrollo más sostenible, equilibrado e inclusivo». Un compromiso, subraya el Papa Francisco, que «no hace distinción entre nativos y extranjeros, entre residentes y huéspedes, porque es un tesoro común, de cuyo cuidado, así como de cuyos beneficios nadie debe ser excluido.»

Oración

El Santo Padre concluye su Mensaje con una oración:

Padre santo y amado,

tu Hijo Jesús nos enseñó

que hay una gran alegría en el cielo

cuando alguien que estaba perdido

es encontrado,

cuando alguien que había sido excluido, rechazado o descartado

es acogido de nuevo en nuestro nosotros,

que se vuelve así cada vez más grande.

Te rogamos que concedas a todos los discípulos de Jesús

y a todas las personas de buena voluntad

la gracia de cumplir tu voluntad en el mundo.

Bendice cada gesto de acogida y de asistencia

que sitúa nuevamente a quien está en el exilio

en el nosotros de la comunidad y de la Iglesia,

para que nuestra tierra pueda ser,

tal y como Tú la creaste,

la casa común de todos los hermanos y hermanas.

Amén.

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