Esta visita me dejó algunas reflexiones:
El Carmelo es el pulmón espiritual de nuestra Diócesis de San Cristóbal; allí donde el silencio ora, nuestra Iglesia Local encuentra esperanza.
Tras las rejas del locutorio no hay encierro, hay una libertad soberana que abraza a toda la humanidad desde la oración.
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Visitar a las Carmelitas es recordar que el motor más potente de la Iglesia no se ve, pero se siente en la paz que sostiene nuestro misterio.

En la sencillez del Carmelo descubrimos que la mayor comunicación no es la que usa cables, sino la que conecta el alma con lo eterno.
Las Madres Carmelitas Descalzas, centinelas de la fe que, desde su jardín escondido, cuidan con su oración el caminar de nuestra Diócesis de San Cristóbal.
Encuentro de corazones, la academia y la pastoral se arrodillan ante la sabiduría de quienes han hecho del Amor su única ocupación.
Si alguna joven se siente llamada a este estilo de vida monástica, puede acercarse al Monasterio de Santa María de La Consolación de la Montaña en Rubio.
Pbro. Jhonny Zambrano


