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¿ Quién fue Mons. José Primitivo Galaviz Cárdenas?

El destino le impuso misiones que cumplió por vocación y obediencia. Recibió a dos obispos de San Cristóbal, gobernó la Diócesis con cautela y aceptó las órdenes que marcaron su trajinado sacerdocio creyendo que “la voluntad del Superior es la voluntad de Dios”. Apenas concluyó su último oficio, un ataque cercenó su vida a los 77 años de edad, habiendo cumplido 54 como ministro del Señor. Entregó a San Cristóbal la vieja Catedral que construyó con sacrificio contra todas las adversidades.


 

Monseñor Edmundo Vivas, cofundador del Centro de Historia estudió su vida y relata que nació en Capacho el 27 de noviembre de 1870 en el hogar de Pedro María Galaviz y María del Carmen Cárdenas. Luego de realizar sus primeros estudios en la escuela pública de esa localidad pasó al Colegio del Sagrado Corazón de Jesús que en La Grita dirigió Monseñor Jesús Manuel Jáuregui Moreno, siendo uno de sus más distinguidos discípulos al ocupar los primeros puestos de la clase y presidir la comunidad de alumnos. Sería también profesor de Latinidad.

Al recibirse de bachiller orientó su vocación sacerdotal con el célebre trujillano y marchó a Caracas donde fue ordenado el 10 de diciembre de 1893 por el arzobispo Críspulo Uzcátegui. Oficiada la primera misa en Capacho, el 2 de febrero de 1894, emprendería su ruta incesante que lo llevó a Tovar y San Juan de Lagunillas (1894); San Juan Bautista de San Cristóbal (1895-1900) pasando a Rubio y seguir a Lobatera (1901) donde repasó las materias de Sagrada Teología para examinarse ante la Universidad de Los Andes, resultando sobresaliente y recibir el título de Doctor en Ciencias Eclesiásticas el 13 de marzo de 1904. Volvió a Lobatera y fue enviado a Palmira. A partir de 1905 estaría durante seis años en Pregonero donde adquirió la Casa Cural, reorganizó la Cofradía del Sagrado Corazón y construyó la Capilla del Santísimo. En búsqueda de salud siguió a El Cobre para continuar en Bailadores en 1912, estando adscrito a la Vicaría de Tovar. Retornó al Táchira en 1918, instalándose en San Antonio donde salvó al templo de la ruina. En 1920 fue nombrado cura párroco de San Sebastián en San Cristóbal y sirvió a la futura Catedral, llamada el Templo Mayor que honraba al patrono de la capital. En esta sede concluyó la cúpula, levantó la sacristía y el Altar Mayor, colocó el mosaico y dos altares laterales de mármol que importó de Italia.

Cuando se dependía de la Diócesis de Mérida, Galaviz fue designado vicario general por el obispo Antonio Ramón Silva, nombramiento que le reafirmaría el primer obispo de San Cristóbal, Tomás Antonio Sanmiguel, cuya recepción organizó en noviembre de 1923. Fue, además, provisor de la naciente Diócesis creada en 1922. Viajó a Roma en 1927 y debido a trastornos de salud, debió dejar la Vicaría General en manos del Pbro. J. Maximiliano Escalante. Era calificado como “admirable por sus virtudes, admirable por su celo apostólico, y modelado en recias disciplinas intelectuales”. En 1934 ejercía como Provisor del Obispado y censor de Diario Católico. Sufrió otra recaída en junio de 1935.

A la muerte del obispo Sanmiguel en julio de 1937, fue nombrado Vicario Capitular y juró ante el Colegio de los Consultores, presentándose como “el más humilde de los servidores y fiel guardián de los intereses diocesanos”. Administró con celo su compromiso y dio la bienvenida en febrero de 1940 al segundo obispo Rafael Arias Blanco que lo ratificó en su cargo. En abril de 1942, debió nombrársele un vice-vicario a causa de su enfermedad. Cumplidas sus bodas de oro sacerdotales en diciembre de 1943 no las celebró por su deteriorada salud, pero fue bendecido por Pío XII.

En noviembre de 1945 se restableció su salud y disfrutaba de la cordialidad entre sacerdotes, respetando “casi temeroso” a quienes llevaban esa dignidad, así fuesen recién egresados del Seminario. Manifestaba su carácter “afable, tierno y bondadoso”, también su extremada prudencia, expuesta con mesura y serenidad. Ante la Virgen, recitaba, “con candor de niño”, la oración del Santísimo Rosario. El 15 de enero de 1948, luego de oficiar la misa sufrió un ataque. Al médico que estaba a su lado infundiéndole ánimos, le dijo claramente “que se cumpla la santa voluntad de Dios”. Murió pasadas las cuatro de la tarde.

El obispo Arias Blanco expresó que el vicario Galaviz desempeñó su cargo “con lujo de aptitudes”. Dejaba a la Diócesis su ejercicio como párroco de San Sebastián. La afanosa tarea de recibir al primer obispo y transformar la vieja Iglesia Matriz en la Catedral que la ciudad requería, construyendo, además, el edificio de la Imprenta Diocesana donde se editó el Boletín Eclesiástico y Diario Católico. Fue vicario antes y después de la Diócesis y abrió puertas a dos de sus mitrados. En momento doloroso gobernó con cautela y allanó el camino a las nuevas generaciones, marcando su ejemplo de insigne trabajador y fiel Hijo de Cristo.

Luis Hernández Contreras

Cronista Oficial de la Ciudad de San Cristóbal

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