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SAN PABLO VI: EL DESARROLLO INTEGRAL COMO SOLIDARIDAD Y FRATERNIDAD

FE CREÍDA, FE VIVIDA

«El PRINCIPIO DE SOLIDARIDAD, también designado por el nombre de amistad o caridad social, es un requisito directo de la fraternidad humana y cristiana» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 1939).

Detrás de la Populorum Progressio (PP) están los viajes de Montini, la experiencia milanesa y el conocimiento directo del problema del subdesarrollo, todo esto ayudó a profundizar su itinerario intelectual particular, original y complejo, con esa cultura humanista que explica las coordenadas fundamentales de la Encíclica.

En un mundo dividido en bloques opuestos, Montini propone el CRITERIO DEL DIÁLOGO, que se logrará a través de las mediaciones culturales y políticas correctas. No es posible comprender la novedad de la portada teológica y cultural y la previsión de PP, si no se ubica en el contexto de los grandes desafíos de la sociedad de su tiempo, del cual se convierte en un intérprete cuidadoso, «el DESARROLLO INTEGRAL del hombre no puede darse sin el DESARROLLO SOLIDARIO de la humanidad» (PP 43).

Para organizar la colaboración fraternal entre los pueblos es necesario establecer un SISTEMA DE SOLIDARIDAD, haciendo que pueda recibir el apoyo unánime y ordenado de la familia humana, este gesto expresa la belleza, el aspecto más humano y auténtico de la humanidad, siendo expresión de la esperanza, reflejo del designio transcendente del Señor para el desarrollo integral de la sociedad humana (Cfr. Discurso en la ONU 04.10.1965).

Los cambios en el contexto sociopolítico y sociocultural motivaron a san Pablo VI a pensar en los criterios de base y las motivaciones de fondo, para elaborar los nuevos tratados constitutivos de una moral social y política. Con la PP se reformula en clave social la diferencia entre ética privada y ética pública. Ya se pasará de hablar de la Iglesia como Madre y Maestra a EXPERTA EN HUMANIDAD. San PabloVI debido a todos estos cambios al interno de la sociedad, siente la exigencia de aggiornarse y revisar el pensamiento social cristiano, renovándolo en métodos y contenidos, a partir de categorías antropológicas que están en la base de su Magisterio.

En esta búsqueda de desarrollo, es necesario que cada ciudadano se sienta perteneciente en esta construcción de una mejor sociedad. Se debe favorecer el pluralismo para el espacio de diálogo con las respectivas directrices éticas: «este diálogo entre quienes aportan los medios y quienes se benefician de ellos, permitirá medir las aportaciones no sólo de acuerdo con la generosidad y las disponibilidades de los unos, sino también en función de las necesidades reales y de las posibilidades de empleo de los otros […] Como Estados soberanos, a ellos les corresponde dirigir por sí mismos sus asuntos, determinar su política y orientarse libremente hacia la forma de sociedad que han escogido. Se trata, por tanto, de instaurar una colaboración voluntaria, una participación eficaz de los unos con los otros, en un plano de igual dignidad, para construir una convivencia civil verdaderamente digna del hombre» (PP 54).

Esto ayudará a que el desarrollo corresponda a la conciencia de cada persona que participa en él, así «permitiría superar las rivalidades estériles y suscitar un diálogo pacífico y fecundo entre todos los pueblos» (PP 51).

LA ÉTICA que acompañe este proceso de formación hacia un desarrollo humano e integral, debe ser una ética intergeneracional, es decir, que cada uno se preocupe de FORMAR RELEVOS ENTRE SU MISMA GENERACIÓN para qué continué con el ideal. El objetivo es permitir al ciudadano ser partícipe de este proceso, mediante redes de cooperación que lleve a la interacción.

«En esta comprensión y amistad mutuas, en esta comunión sagrada, debemos igualmente comenzar a actuar a una para edificar el provenir común de la humanidad. Sugeríamos también la búsqueda de medios concretos y prácticos de organización y cooperación para poner en común los recursos disponibles y realizar así una verdadera comunión entre todas las naciones» (PP 43).

En este sentido, tanto las naciones como los hombres son interdependientes y los pueblos son corresponsables de su futuro. Es la falta de fraternidad y solidaridad entre los pueblos de la tierra lo que hace que el mundo sea inhumano, lo que lo priva de justicia y caridad. Por ello, LA FRATERNIDAD Y SOLIDARIDAD CONVERTIDAS EN CARIDAD SOCIAL, será el principio fundamental alrededor del cual se ordena la nueva comunidad humana.

Esta caridad social tiene sus RAÍCES en la fraternidad humana y sobrenatural manifestada de tres formas: DEBER DE SOLIDARIDAD de las naciones ricas frente a los países en vías de desarrollo; DEBER DE JUSTICIA SOCIAL, mejorando las relaciones comerciales entre los pueblos fuerte y débiles; DEBER DE CARIDAD UNIVERSAL, promocionando un mundo más humano donde el progreso de unos no sea un obstáculo para el desarrollo de otros.

Desde el principio san Pablo VI, subrayó la necesidad de mirar a los pueblos en vías desarrollo con un mayor sentido de responsabilidad y multiplicar los llamados a los responsables europeos a mirar más allá, evitando la inclinación egoísta sobre sí mismos, mirar hacia una caridad universal.

Por tanto, la PP denuncia un falso desarrollo basado en un proceso automático con una visión ahistórica. En la visión cristiana no se consideran seres humanos y pueblos autosuficientes, se buscan sujetos intrínsecamente sociales, que se desarrollan por completo cuando contribuyen al desarrollo de los demás. Por tanto, LA INTERDEPENDENCIA Y LA SOLIDARIDAD son supuestos éticos, económicos y políticos válidos para construir la relación entre la comunidad internacional. Para ello, requerimos ser creativos en las propuestas de solidaridad, que ayuden a desarrollar la dimensión interna del hombre uniéndose a la gradualidad en que se desarrollan las estructuras en búsqueda de este DESARROLLO INTEGRAL.

 

PBRO. JHONNY ALBERTO ZAMBRANO MONTOYA

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