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San Pablo VI: un referente para la refundación de la sociedad venezolana

FE CREÍDA, FE VIVIDA

Cada 29 de mayo desde el 2018 se celebra la memoria de San Pablo VI. Por ello, en este artículo me dispongo a hablar de él. En esta oportunidad lo haré en un área poco conocida, me refiero a su trabajo como formador de nuevas generaciones, con un énfasis particular como hombre que promovió la acción social y política, como medio de evangelización, y el cual, desde mi humilde opinión, es un referente para Venezuela.

Su nombre de pila fue Giovanni Battista Montini quien, desde sus primeros años de vida familiar, vive la experiencia de la reconstitución de un pueblo a partir de la actuación, de aquello que nosotros podríamos llamar hoy discípulo misionero en el ámbito sociopolítico.

SUS RAÍCES FAMILIARES DESDE LO SOCIAL

Hablar de las raíces de san Pablo VI da para mucho que escribir. Nace el 26 de septiembre de 1897 en Concesio (Brescia-Italia). Fue el segundo de los tres hijos de Giorgio Montini y Giuditta Alghisi.

SU PADRE G. Montini (1860-1943) nace en Concesio, de una familia aristocrática, con principios religiosos sólidos. Fue abogado y periodista; destacado político italiano y exponente del catolicismo social. SU MADRE G. Alghisi (1874-1943) pertenecía a una familia de la nobleza rural. Tenía una gran sensibilidad humana, piedad eucarística y mariana. Manifestó su compromiso con la Unión de Mujeres de AC, dedicación por muchas obras de caridad y la promoción de la mujer.

G.B. Montini tuvo DOS HERMANOS: Ludovico (1896-1990), abogado, antifascista, fundador de las Asociaciones de Trabajadores Católicos Italianos, miembro de la Asamblea Constituyente, diputado y senador. Su otro hermano Francesco era médico y dedicado a obras de caridad. Los tres varones de distinta sensibilidad, pero de idéntica educación, tomaron caminos distintos, pero mantuvieron la unidad y se respetaron.

San Pablo VI siendo niño y joven, conoció en el hogar a importantes hombres de política y de cultura, amigos de sus padres. Allí absorbió los vientos culturales y eclesiales que soplaban en Brescia. Él vive desde su casa una dimensión concreta de LA POLÍTICA COMO CARIDAD Y NO COMO IDEOLOGÍA.

Se formó en el seminario durante la I Guerra Mundial. Vemos a SU PADRE, hombre con una sensibilidad social comprometida, consciente de que la política necesitaba cristianos preparados para servir desde la caridad operante. SU MADRE una mujer entregada a la oración hecha vida en acciones concretas. SUS HERMANOS formados al igual que él, obtuvieron cualidades humanas y cristianas que los llevaron a su protagonismo en la sociedad.

El mismo llegaría a decir, que a su padre le debe los ejemplos de coraje para no rendirse ante el mal, el juramento de nunca preferir la vida a las razones de la vida, alejando el miedo. A su madre, que era piadosa y reflexiva, le debe la vida interior y la meditación que es oración.

Estamos frente a UN PERSONAJE que formó desde su entorno familiar y social, un carácter reservado en su personalidad, pero sensible frente a lo social, con una espiritualidad íntima y profundad, pero con la cordialidad desbordada en la caridad política que buscó enseñar y transmitir, con un profundo amor por la Iglesia y la humanidad, características que son frutos del ambiente alegre, familiar y de profundidad humana, social y eclesial que lo rodeó.

Durante sus ESTUDIOS DE TEOLOGÍA EN ROMA, G.B. Montini se interesó por el mundo de la política a través de su padre y otros conocidos políticos, igualmente colaboró con algunos periódicos y revistas – La Fionda, La Madre Cattolica y La Voce del Popolo – todos de corte sociopolítico.

En 1921, Montini entra en la ACCADEMIA DEI NOBILI ECCLESIASTICI, para iniciar sus estudios de derecho y diplomacia. En esta etapa, se nutre del compromiso de sus padres con la sociedad, lo que le impulsa a seguir interesándose con las realidades que lo rodeaban.

En 1923, emprendería caminos similares a los de su padre acompañando a jóvenes universitarios, con espíritu de contemplación y profundidad como su madre, en sinfonía con sus hermanos buscando abrir caminos a la Iglesia para entrar en comunión y diálogo con el mundo.

UN FORMADOR DE CLASE DIRIGENTE

En 1925 la Federación Universitaria de Católicos Italianos (FUCI) vivió momentos de conflicto por problemas organizacionales. Del 5 al 9 de septiembre se dio el Congreso Pax Romana. Uno de los asistentes era Don Montini, quien llegaba de Varsovia, donde se encontraba por razones de salud, e iniciaba su servicio en la Secretaría de Estado y que al poco tiempo es nombrado por Pío XI ASISTENTE ECLESIÁSTICO DE LA FUCI a sus 28 años de edad en compañía del laico Igino Righetti como nuevo presidente, quien tenía 21 años.

El nombramiento de Montini se produjo en UN MOMENTO CRÍTICO. El advenimiento del fascismo, la muerte de Benedicto XV y la elección de Pío XI habían condicionado en gran medida a la FUCI. Los estrechos vínculos con el Partido Popular Italiano (PPI) y las posiciones tomadas contra el idealismo y la reforma de Gentile, habían determinado la persecución sistemática por parte del régimen bajo forma de ataques continuos.

La FUCI de Montini e Righetti se definió por su carácter religioso-cultural, haciendo de la doctrina de Santo Tomás su modelo de referencia. El papel de la FUCI consistía en formar conciencias cristianas por medio de la investigación de la verdad e intentaba ACERCAR LA FE A LA CULTURA, lo cual era incómodo para el fascismo.

El giro verso la línea cultural y espiritual trajo DOS ENEMIGOS: el régimen fascista y la crítica de algunos círculos eclesiásticos italianos. Sin embargo, el binomio continuó su proceso de renovación, que parecía el inicio de un ambiente, más acogedor para la Iglesia en Italia.

ESTA LÍNEA CULTURAL SE DIRECCIONÓ AL CAMPO EDUCATIVO, con principios y autonomía frente al régimen, donde la cultura era portadora de un valor que ayudaba a una relevante formación de la personalidad.

El binomio Montini-Righetti, desarrollaría por medio de la enseñanza universitaria una NUEVA GENERACIÓN POLÍTICA PARA ITALIA. Esta formación estaba basada en cinco campos: filosófico, espiritual, teológico, eclesial y social.

La FUCI de la mano de Montini estructuró y organizó de forma original esta formación, para la democratización y amplia autonomía de la base, esto implicaba un despegar localmente, entre zona y zona de cada universidad para hacerse eco en la sociedad.

En este itinerario formativo aparecía una nueva perspectiva sobre el plano cultural: una hegemonía de la cultura católica basada sobre la fe y la razón. Por tanto, con el desarrollo del realismo tomista en que se fundamentaba la FUCI, se buscaba superar el idealismo fascista de Gentile.

Esta PROPUESTA DE UNA CULTURA TEOLÓGICA fue un enlace histórico, entre la relación catolicismo-modernidad, que luego sería desarrollada en el CVII con la Gaudium et Spes, que hemos desarrollado en anteriores artículos. Era necesario una cultura católica viva y moderna, la FUCI era una organización laical italiana ligada a la jerarquía eclesial, donde se podía desarrollar este objetivo. La persona que interpretó de manera aguda la necesidad de una nueva concepción teológica y cultural unificada, fue G. B. Montini.

Entre las razones para el anuncio de la Cultura Teológica se encontraba el desconocimiento de la doctrina cristiana, indispensable para leer la historia humana, profundizarla y valorarla. Esta doctrina revelada por Cristo, era el instrumento fundamental para entender la vida en su origen, sus posibilidades, sus tendencias y sus valores. LA CULTURA TEOLÓGICA SE ILUMINA AL MISMO MOMENTO DESDE LA VIVENCIA HUMANA, es decir, entra en comunión el pensamiento y la acción, y ambos son guiados por Cristo.

Esto arrojó la producción de UNA TEOLOGÍA PARA LAICOS – gran novedad para el momento –. La realidad histórica de la Iglesia frente al modernismo y el desmoronamiento de la conciencia eclesial de inicios del siglo XX, hicieron que tal reflexión fuera urgente.

En un panorama teológico carcomido por profundas divisiones y un renacimiento del individualismo espiritual, G.B. Montini se esforzó por restablecer en los universitarios los cánones de una ECLESIOLOGÍA que tenía sus raíces en las Sagradas Escrituras y en la enseñanza de la Iglesia. De igual forma, el estudio de la historia de la Iglesia y la reflexión sobre las epístolas de san Pablo, hizo que su pensamiento adquiera una visión clara de la misión por cumplir.

ESTE ITINERARIO ORIENTÓ A LOS INTELECTUALES CATÓLICOS, a ver el estudio como vocación, con la llamada de llevar la fe en medio de la cultura a través del apostolado, utilizando el gran método del testimonio, la ciencia y la caridad para hacer la Iglesia presente en el mundo moderno, evaluando las cosas antiguas como nuevas y aceptando otras nuevas insertándolas en lo que ya estaba dado. Montini presentaba un plan pedagógico basado en la lógica de la gratuidad de la Encarnación y la Redención. La metodología era eclesiológica: comunión entre los hombres.

Este nuevo pensamiento teológico de Montini, de modelar la acción cristiana dentro de la sociedad, era basado en dos principios: CRISTO VERBO ENCARNADO Y LA IGLESIA COMUNIÓN. Se trataba de un trabajo de dirección formativa y de perfeccionamiento espiritual. El futuro Pablo VI no solo redefinió la concepción teológica de la FUCI, sino se preocupó que el apostolado fuese encarnado en la situación histórica con coherencia, es decir, llevar la fe al mundo de la cultura.

La influencia de G.B. Montini en la FUCI fue mucho más allá de ser su asesor eclesial, inspiró la profundización de la oración y el estudio, desde la convivencia como unidad de vida, ayudando a integrar desde la fe la vida académica, llamando a vivir la fe, la ciencia y la patria, como ideal fucino, todo integrado en una dimensión importante: LA ESPIRITUALIDAD COMO ENCUENTRO QUE CREA COMUNIDAD DESDE LA AMISTAD SOCIAL QUE PUEDE LLEGAR A SER AMISTAD POLÍTICA.

Por lo tanto, vemos a Montini en estos primeros años como presbítero, con su apasionante carisma de encarnar la fe en las realidades sociales, que luego como Pablo VI haría presente en la Iglesia, convirtiéndolo en un referente, salvaguardando las distancias de época más no de intención y método, para una propuesta que permita crear caminos de refundación de la sociedad venezolana.

Pbro. Jhonny Alberto Zambrano Montoya

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