La Semana Santa es el tiempo en el cual la Iglesia Universal convoca especialmente a los creyentes para resaltar, agradecer y celebrar el acontecimiento que se recuerda en cada eucaristía: la pasión, muerte y resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es la oportunidad de hacer un alto y encontrarse con el Redentor, acompañándolo en el camino que ganó la salvación.
El presbítero Benito Cárdenas, vicario de la parroquia San Juan Bautista de La Ermita y coordinador del Secretariado de Liturgia de la Diócesis, señaló que es un tiempo propicio para “reflexionar sobre nuestra vida en unión con Cristo, quien se entregó por cada uno de nosotros, y llenarnos de aquel que nos amó hasta el extremo”.
Recorrido
Litúrgicamente la Semana Santa comienza el Domingo de Ramos. En este día se recuerda la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, cuando fue aclamado y reconocido como Hijo de Dios. El evangelio narra que la multitud colocaba sus mantos y ramas al paso del Señor.
“Una gran multitud extendió sus propios mantos por el camino; otros cortaban ramas de árboles y las echaban por el camino. Las multitudes que iban delante de él y las que seguían detrás gritaban diciendo: —¡Hosanna al Hijo de David! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!” (Marcos 11, 8-10).
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También se denomina Domingo de la Pasión, pues el Evangelio describe todos los acontecimientos hasta la crucifixión y muerte de Nuestro Señor.
El lunes santo, también conocido como “Lunes de Autoridad”, se recuerda el gesto de María, la hermana de Lázaro, quien ungió los pies del Maestro con un perfume de nardo y los secó con sus cabellos. Y ante el reproche de Judas Isariote, Jesús responde: «Déjala, que lo haga para el día de mi sepultura. A los pobres siempre los tienen con ustedes, pero a mí no me tendrán siempre» (Jn 12, 7-8).
El martes, llamado también “De la controversia”, la Palabra refiere el anuncio de Jesús sobre la persona que lo va a entregar y le advierte a Pedro que en las siguientes horas lo negará tres veces.
«¿Conque darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces». (Juan 13, 38)
El miércoles santo, también se conoce como “de la traición” pues en el evangelio se narra el plan de Judas.
“En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, fue a los sumos sacerdotes y les propuso:¿Qué estáis dispuestos a darme si os lo entrego?». Ellos se ajustaron con él en treinta monedas de plata. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo. (Mateo 26, 14-16)
Triduo
El jueves santo por la tarde, con la celebración de la Cena del Señor comienza el periodo litúrgico del Triduo Pascual, los días que recuerdan la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo.
El padre Benito Cárdenas explica que es el tiempo más importante de la vida cristiana, porque se recuerda el misterio de la salvación.
Continúa diciendo que el jueves, la celebración se denomina “Misa in Coena Domini” o Misa de la Cena del Señor. La esencia de este acontecimiento es celebrar la institución de la Eucaristía, del sacerdocio y de la caridad fraterna.
“No celebramos la última cena, sino lo que enseñó Jesús: «Hagan esto en memoria mía», esa es la novedad, su entrega total por nosotros”, dice el sacerdote. Añade que el lavatorio de los pies es un signo del servicio al cual nos invita el Señor, pero el centro este día es la Eucaristía.

El segundo día del Triduo, litúrgicamente se denomina “Viernes Santo en la Pasión del Señor”,porque se conmemora el calvario y muerte de Cristo. Este día no se celebra misa. Entre las tres y las cinco de la tarde, se hace la lectura de la Palabra y la Oración Universal de la Iglesia. Posteriormente, se realiza la adoración a la cruz, que y se da la Sagrada Comunión.
Sobre la adoración de la cruz, el padre Benito explica que no es idolatría, sino que ella es “el signo sacramental de Jesucristo presente». Por ello, al pasar delante de ella se debe hacer una genuflexión, porque es Cristo en el calvario”. Acotó que el Viacrucis y la meditación de las siete palabras son importantes, pero para los cristianos la celebración principal debe ser la memoria de la pasión y muerte de Nuestro Señor.
Hasta el sábado en la tarde, la actitud de los cristianos es de silencio. Al final de la tarde en la celebración de la Vigilia Pascual, se pasa de la oscuridad a la luz de Cristo que resucitó, venció el pecado y la muerte, ganando para nosotros la vida eterna.
La Vigilia Pascuales el acontecimiento más grande de los creyentes. “Es una noche santa que debemos vivir con profunda obediencia y fidelidad a la liturgia, porque ello nos va a llevar a contemplar a Jesús Resucitado. Por eso podemos decir ¡Aleluya, el Señor ha resucitado! Que esa aleluya no sea una apariencia, sino que el Señor viva en nuestro corazón”.
Para finalizar, el sacerdote hizo una salvedad: la Semana Santa no es el único tiempo para encontrarse con Dios, sino que debemos durante todo el año celebrar el misterio pascual de Cristo. “Les invito a que no vayamos a la Iglesia solamente en Semana Santa, sino que vivamos cada momento del año litúrgico con ese amor y ese fervor que necesita nuestro amor hacia Cristo”.
Ana Leticia Zambrano


