Hoy, ante los desiertos de la incertidumbre, encomendemos nuestra patria al Buen Pastor. Elevemos la mirada, bendigamos el pan de cada día y atrevámonos a ser las manos de Dios que alimentan, sostienen y devuelven la dignidad a nuestro pueblo
La Eucaristía estuvo presidida por Mons. Juan Alberto Ayala Ramírez, en compañía del Pbro. Luis Homero Guerrero (párroco), Pbro. Henry Escalante, Pbro. Domingo Pernía, Pbro. Felix Caicedo, Pbro. Leonardo Vivas, diáconos permanentes, seminaristas y servidores del altar
El mundo, que es el campo de Dios, parece a menudo invadido por la cizaña: la división, la desesperanza y las heridas sociales que dificultan el encuentro
El Evangelio ofrece la imagen exacta de lo que toca hacer: el samaritano cura al herido, lo carga sobre su cabalgadura y lo lleva a una posada para que se restablezca (cf. Lc 10, 30-35). “Esa posada es la Iglesia”
Pero no es asunto de declarar y ya, como muchos creen en la actualidad. Se trata de un trabajo profundo de ingeniería espiritual que comienza por una transformación en el corazón, en lo más íntimo de cada hombre