En esta confesión de fe radica el verdadero fundamento de nuestra esperanza. Jesús no es un personaje del pasado ni un mero maestro de moral entre otros; es el Dios con nosotros que da sentido a las alegrías y a los dolores de la existencia humana
¿Reflejamos en nuestra comunidad la luz de Cristo o somos espejos del pesimismo reinante? La Cuaresma es el tiempo propicio para limpiar el rostro de nuestra fe de las manchas del egoísmo y la indiferencia