En esta tercera entrega sobre la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, centramos nuestra reflexión en la apremiante invitación del papa Francisco a construir una «Iglesia en salida» (EG 20-49).
Transformación integral
Una parroquia auténticamente misionera es aquella que asume con decisión la transformación integral de toda su actividad pastoral, pasando de una mentalidad de mera conservación a un dinamismo permanentemente misionero (EG 20-21). Salir hacia las periferias no constituye una moda pasajera ni un eslogan sociológico, sino una exigencia constitutiva que brota de la Palabra de Dios (EG 23).
Para encarnar esta actitud, la comunidad parroquial está llamada a hacer suyos los cinco verbos que definen el estilo evangelizador de Jesús: primerear tomar la iniciativa en el amor, involucrarse, acompañar, fructificar y festejar (EG 24).
La parroquia que se atreve a salir comprende que la conversión no solo atañe a las conciencias individuales, sino a la institución misma. Sabe que no puede presentarse ante el mundo como una “parroquia impresentable”, rígida o burocrática; por ello, adopta la Evangelii Gaudium como documento programático de reforma (EG 25).
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Esto implica vencer las resistencias internas al cambio, promover la reforma de sus estructuras (EG 26) y sumarse con ilusión al sueño misionero de Francisco (EG 27), abandonando decididamente el cómodo y paralizante criterio pastoral del «siempre se ha hecho así» (EG 33).
Cristo: la frescura de su mensaje
Esta renovación profunda brota del redescubrimiento del corazón del Evangelio. La parroquia misionera acoge con gozo la invitación a volver con sencillez a la persona de Cristo y a dejarse cautivar por la frescura y belleza original de su mensaje (EG 34-37). Asimismo, deduce las consecuencias del principio de la jerarquía de las verdades y de las virtudes, reconociendo que en el centro del anuncio cristiano brilla siempre la misericordia y el amor fraterno (EG 38-39).
Esta misión se encarna en las circunstancias reales de la gente y en sus limitaciones humanas. La parroquia entiende que la unidad eclesial no debe confundirse con una uniformidad rígida (EG 40), por lo que es especialmente cuidadosa con el lenguaje que emplea para comunicar la verdad divina (EG 41-43).
Con paciencia de madre, acompaña con misericordia las distintas etapas del crecimiento espiritual de las personas, sin juzgar precipitadamente sus ritmos o fragilidades (EG 43-45).
Arte del acompañamiento
Finalmente, la parroquia se contempla en la imagen de una Iglesia-Madre de corazón abierto. Mantiene sus puertas abiertas de par en par como signo tangible de acogida incondicional para todos, de modo especial para los caídos y alejados (EG 46-47).
Sin embargo, esta apertura del templo se completa con un acompañamiento pastoral y personal permanente (EG 169-173). No se trata únicamente de atender los procesos catequéticos formales, sino de cultivar el “arte del acompañamiento”, que exige cercanía, mirada compasiva, escucha atenta y paciencia para peregrinar junto al hermano en sus circunstancias concretas. Así, la parroquia se convierte en una verdadera casa de misericordia y en un faro de esperanza para el mundo.
Pbro. Jhonny Zambrano
Vicario Episcopal de Comunicación


