Una pregunta surge a menudo en nuestras comunidades: ¿Deben los sacerdotes dejar las parroquias, las visitas a los enfermos o las cárceles para estar pegados a la red? ¡En absoluto!
La presencia física es insustituible para la celebración de los sacramentos y la solidaridad concreta. Sin embargo, existe una falsa oposición entre lo “real” y lo “virtual”.
El reto del pastor actual es entender que los fieles, especialmente los jóvenes, ya no tienen coordenadas mentales fijas; su pensamiento se nutre hoy de lo que ven en sus redes sociales.
Lea también: San Ruperto: “El gran misionero evangelizador”
Ser “Re-presentantes” de Jesús
El compromiso del sacerdote en el mundo multimedia no debe ser superficial. Para que el mensaje sea convincente, el anunciador debe estar él mismo convertido y convencido.
En la red, el sacerdote no es solo un representante institucional, sino un re-presentante de Jesús. Su palabra digital sólo tendrá eco si su existencia es creíble. Como decía san Pablo: “Sean imitadores míos”.
El valor de la presencia digital del clero es fecundo solo si está bien enraizado en la vida que es Cristo. Sin vida interior y oración, el sacerdote en la red es solo un “influencer” más; con Cristo, es un canal de gracia.
Cuidar el agua donde nadan los peces
A menudo digo que los pastores debemos ocuparnos de los peces, pero también del agua en la que ellos y nosotros estamos inmersos. Esa “agua” es la cultura digital.
Si el sacerdote, cuando se encuentra físicamente con un joven, desconoce sus categorías de pensamiento, su lenguaje y sus expresiones, ¿cómo podrá comunicarse de verdad con él?
La tarea del sacerdote en el mundo digital es la misma que en el trato directo: ayudar a comprender que la solicitud amorosa de Dios no es una teoría erudita ni algo del pasado, sino una realidad concreta y actual.
La pastoral digital debe mostrar a una humanidad desorientada que Dios está cerca y que en Cristo todos nos pertenecemos mutuamente.
Una misión integrada
La red es un espacio de misión, no un refugio. El sacerdote está allí para ser signo de esperanza, para curar heridas y para recordar que, detrás de cada perfil, hay un alma que busca a Dios.
Nuestra misión es habitar la red sin dejar el altar, uniendo la mesa de la Eucaristía con la mesa de la comunicación digital, para que en todas partes se anuncie que el Reino de Dios ha llegado.
Pbro. Jhonny Zambrano


