En el corazón del Triduo Pascual, la Iglesia Sagrario Catedral de San Cristóbal se sumergió en un silencio sagrado. A las 3:00 p.m., hora de la muerte del Redentor, el VI Obispo de nuestra Diócesis, Mons. Lisandro Rivas, presidió la Solemne Celebración de la Pasión del Señor.
¿Por qué no hubo Misa hoy?
Este es el único día del año en que la Iglesia no celebra la Eucaristía. El altar luce desnudo, sin manteles ni flores, porque nuestra mirada se concentra exclusivamente en el sacrificio del Calvario.
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Hoy se conmemora el acontecimiento histórico y espiritual de la entrega de Jesús en la Cruz en continuidad de la Celebración del Jueves Santo.
La liturgia se divide en tres momentos clave: la sobria Liturgia de la Palabra, la Solemne Oración Universal por todo el mundo y la Adoración de la Santa Cruz.


Durante su reflexión, Mons. Lisandro resaltó que la Cruz no es un símbolo de derrota, sino la cátedra del amor de donación absoluta. “Jesús no vino a ser servido, sino a servir y a dar su vida por todos nosotros”, recordó el prelado, instándonos a que este sacrificio sea el motor de nuestra caridad y humildad diaria.
Hoy, nuestra fe se hace obra tangible. En todas las parroquias de la Diócesis se realizó la Colecta Pontificia para los Lugares Santos.


Con nuestro aporte, los católicos del Táchira ayudamos al sostenimiento de la presencia cristiana en la Tierra de Jesús, manteniendo vivos los santuarios y las obras sociales en Jerusalén y sus alrededores.
“Tu Cruz adoramos, Señor, y tu santa Resurrección alabamos y glorificamos”.
El grito final de La vida sobre la muerte
Continuamos con la meditación de las Siete Palabras desde nuestra Catedral de San Cristóbal. Mons. Lisandro Rivas nos sumerge en el desenlace del misterio del Calvario, uniendo el grito de Jesús con la realidad de nuestro pueblo tachirense.
“Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?” (Mc 15, 34)
Jesús experimenta el silencio de Dios para que nosotros nunca nos sintamos solos. Es el grito de quien sufre la soledad o el desánimo. Monseñor nos recordó que “en el abismo del sufrimiento, Dios sigue presente como Padre”, abrazando nuestras propias angustias.


«Tengo sed» (Jn 19, 28)
Más que una necesidad física, es la sed de almas y de amor de Dios. Pero también es la sed de justicia y dignidad de tantos hermanos. Al meditar esta palabra, nuestro Obispo nos llamó a saciar la sed de Cristo a través de la caridad y el servicio al prójimo.
“Todo está consumado” (Jn 19, 30)
No es un grito de derrota, sino de victoria. La misión ha sido cumplida con un amor «hasta el extremo». Monseñor subrayó que, al celebrar esta palabra, renovamos nuestra fe en que el bien ya ha vencido al mal, dándonos fuerzas para seguir trabajando por una sociedad más justa.
“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc 23, 46)
La entrega final. Es el modelo de toda vida cristiana: confiar plenamente en el Dios de la vida. Mons. Lisandro nos invitó a encomendar en estas manos benditas el futuro de nuestras familias y de nuestra amada Venezuela.


«La Cruz no es el final, es la puerta a la esperanza. Que estas palabras resuenen en cada rincón del Táchira como un compromiso de caridad y testimonio vivo». — Mons. Lisandro Rivas.
Vivamos este Triduo Pascual con la certeza de que el amor es nuestra carta de presentación ante el Señor.
¡Caminamos juntos hacia la Resurrección!



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