OpiniónTitulares

Las cosas nuevas: La cuestión obrera

Fe creída, Fe vivida

Pbro. Jhonny Alberto Zambrano Montoya

 

En nuestro dialogar diario salen temas referentes a la corrupción, las injusticias, la pobreza, el trabajo. Una vez en medio de una de estas conversaciones alguien preguntó: ¿La Iglesia tiene algo que decir o hacer frente a esto? Una de las personas que hacia parte opinó, que la Iglesia, aunque pueda reflexionar sobre ello, no le corresponde involucrarse.

Esto me hizo pensar, el gran desconocimiento referente a la participación de la Iglesia en las realidades sociales como parte de su evangelización. También recordé una frase que le escuche a un profesor: «Se dice que la Doctrina Social de la Iglesia (DSI) es de los tesoros más grandes que tenemos como católicos. Tan grande, que hemos decidido tenerlo bien guardado y ahora hasta se nos ha olvidado que lo poseemos».

Estas 900 palabras que saldrán cada domingo a través de Diario Católico, quieren responder a la necesidad de conocer la DSI y cómo desde ella podemos motivar e iluminar nuestros procesos de evangelización de las realidades sociales.

La DSI no puede quedarse en unos enunciados doctrinales, al contrario, sus principios de reflexión podemos encarnarlos mediante criterios de discernimiento en las diversas necesidades de nuestra sociedad, ofreciendo líneas de acción pastoral y eclesial.

En los siguientes artículos iremos conociendo problemas sociales de diferentes épocas y como el Papa de ese momento, ofreció una respuesta a esa realidad pastoral. La historia de la Iglesia confirma que siempre se ha ocupado de las cuestiones sociales, pero solo a partir de León XIII se puede hablar de la configuración de un cuerpo doctrinal propiamente. Este Papa ofrece con la Encíclica Rerum Novarum (RN), escrita el 15 de mayo de 1891, la carta de ciudadanía de la Iglesia respecto a las realidades cambiantes.

La RN buscó superar el enfrentamiento suscitado entre trabajadores y patronos, teniendo como contexto la Revolución Industrial y como signo la mísera situación de vida de los obreros, frente al sistema económico y la producción industrial vigente.

Entre las causas de este problema estaba la desaparición de las pequeñas empresas, acabándose los antiguos gremios, quedando los trabajadores en total desigualdad frente a los capitalistas unido al éxodo del campo a la ciudad que generó centros urbanos congestionados de trabajadores y familias en condiciones inhumanas.

La Enciclica en su primera parte rechaza la lucha de clases como solución, defendiendo el derecho a la propiedad privada, a la religión y la prioridad de la familia, oponiéndose a la excesiva intervención del Estado sobre ellas, basándose en el derecho natural fundamentado en santo Tomás. La RN declara que el liberalismo y el socialismo se alejan de una solución integral al problema social, pues presentan una mirada reduccionista del ser humano atentando contra su dignidad.

En una segunda parte, el Papa hace una invitación a reforzar las relaciones humanas, proponiendo una mirada más antropológica que económica del trabajo, siendo un medio que expresa la creatividad y personalidad del hombre. Así como usar la propiedad privada como un elemento de libertad que no puede llevar a dominar al otro. Presenta una exposición positiva del papel de la Iglesia, el Estado y los grupos sociales.

La Iglesia asume la misión de educar en ciudadanía con una visión transcendental, recordando que los bienes materiales no otorgan la felicidad plena, que es importante distinguir entre poseerlos y darles un recto uso, entre necesidad y vanidad, mirando el carácter funcional de la abundancia y la vivencia de la pobreza imitando a Jesús.

El Estado debía esmerarse en buscar respetar la dignidad y los derechos de todos, garantizando el derecho de los obreros con una legislación que discipline la condición del trabajo, el justo salario, el reposo festivo (dominical), el horario cónsono con la salud y dignidad del obrero, velando por el bien común.

Como novedad fue esbozando, aun sin mencionarlo explícitamente, el principio de subsidiariedad, al motivar y favorecer la actuación de los cuerpos intermedios, sin intervención del Estado, evitando una legislación Estatal que ahogara las iniciativas particulares con un totalitarismo burocrático.

La RN sostenía el derecho de asociación, basado en el derecho natural del ser humano a la sociabilidad (doctrina tomista). Aquí nacen los sindicatos de trabajadores. León XIII no apoya el paro como primera salida, promueve se establezca una legislación laboral que mejoren las relaciones entre los trabajadores y los patrones.

Es importante, leer cada documento de la DSI desde una perspectiva histórica, es decir, ubicándonos en el contexto. Con RN la Iglesia que había perdido el poder temporal, se lanza con fuerza sobre el campo social, reflejando el primado de la persona sobre la sociedad y de la sociedad sobre el Estado y contra los totalitarismos. Se nota una prioridad del análisis ético sobre el sociopolítico.

Por tanto, desde una problemática laboral, la Iglesia inicio a construir la DSI, ofreciendo una respuesta pastoral. Ciertamente con una lectura desde la época, se evidencia la defensa del trabajo como don de subsistencia, que repercutiera en la dignidad de vida de la familia, permitiéndoles dar una función social a la propiedad, ofreciendo un trabajo mancomunado entre la Iglesia y el Estado, respetándose su autonomía, pero buscando el mismo fin. Resultando una Encíclica con resonancia universal, no sólo en el campo católico donde fue novedad, sino en el mundo sociopolítico y económico del momento. En los próximos artículos seguiremos reflexionando sobre el desarrollo de la DSI.

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