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Santo del hoy 11 de mayo: San Francisco de Gerónimo

San Francisco de Gerónimo

San Francisco nació en Grottaglie, cerca de Taranto (Italia) en 1642, sus padres, Juan Leonardo de Jerónimo y Gentilesca Gravina, además de tener una posición honorífica en la región, se destacaban sobre todo por la virtud. Tuvieron once hijos, de los cuales Francisco fue el primogénito. A todos les proporcionaron una excelente educación religiosa.

Como el hijo mayor mostraba una fuerte inclinación para la virtud, al cumplir los once años sus padres lo confiaron a una sociedad de sacerdotes que vivían santamente, sin obligarse por votos. Debido a las excelentes cualidades del adolescente, fue encargado de enseñar catecismo a los niños y cuidar del orden en la iglesia.

San Francisco de GerónimoFue misionero jesuita y lo llamaban «el Apóstol de Nápoles», por su ansia de convertir a los pecadores y por su amor a los más desamparados.

Visitaba la cárcel, los hospitales y los barrios más pobres de la ciudad. También los lugares de pecado, y fue criticado por ello. Más de una vez recibió golpes.

En 1666,antes de cumplir los 24 años de edad, San Francisco recibió la ordenación sacerdotal. En el noviciado, a pesar de ser el más humilde, fervoroso, mortificado y obediente de todos, para probarlo, los superiores le prohibieron celebrar la santa misa más de tres veces por semana. Se cuenta que los otros días el mismo Jesucristo se le aparecía para darle la santa comunión.

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Francisco fue entonces enviado a las misiones populares acompañando a un famoso predicador de la época, el padre Agnello Bruno. Durante tres años evangelizaron la región de Otranto convirtiendo a pecadores y fortificando a los justos, de tal modo que se decía en la región: “Los padres Bruno y Jerónimo parecen no ser simples mortales, sino ángeles enviados expresamente para salvar las almas”.San Francisco de Gerónimo

Durante los cinco años siguientes, enseñó en el «Collegio dei Nobili», que los jesuítas tenían en Nápoles. A los 28 años ingresó en la Compañía de Jesús. De1671 a 1674, ayudó en el trabajo misional al célebre predicador Agnello Bruno. Al concluir sus estudios de teología, los superiores le nombraron predicador de la Iglesia del Gesú Nuovo, de Nápoles.

Fue predicador de la famosa iglesia del Gesú Nuovo, en Nápoles, y luego durante 22 años de la iglesia de Santa María Egipcíaca. Se dice que había más de 400 conversiones al año.

En un tiempo en que el pueblo no solía comulgar, propició la comunión el tercer domingo de cada mes. A esas misas llegaron a asistir más de 15.000 personas

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Pero el celo apostólico de San Francisco no se limitaba a ello. Quería ir a las Indias para convertir infieles como su patrono San Francisco Javier. Pero sus superiores le respondieron que “sus Indias y su Japón” serían la ciudad y el reino de Nápoles. Durante 40 años él evangelizará esta región de modo notable.

San Francisco de GerónimoSalía a las calles de la ciudad predicando sobre la necesidad de la conversión y de la penitencia, de lo inesperado de la muerte y de la necesidad de estar preparado para ella, del terrible juicio de Dios, de los tormentos eternos del infierno. Escogía para sus sermones de preferencia las calles donde hubiese ocurrido algún escándalo.

Algunos días de la semana visitaba los alrededores de Nápoles, a veces hasta 50 poblados en un sólo día. Predicaba en las calles, plazas e iglesias. Y el resultado era sorprendente.

Documentos de la época describen a San Francisco de Jerónimo como de estatura alta, cejas amplias, grandes ojos oscuros, nariz aguileña, mejillas secas, pálido, y con una mirada que reflejaba su austeridad y vida ascética. Todo eso producía una maravillosa impresión. El pueblo se aglomeraba para aproximarse a él, verlo, besarle las manos y tocar su ropa. Sus sermones cortos, pero enérgicos y elocuentes, tocaban las conciencias culpables de sus oyentes, operando conversiones milagrosas. Cuando exhortaba a los pecadores al arrepentimiento, adquiría aires de profeta del Antiguo Testamento y su voz se hacía más potente y terrible. Por eso el pueblo decía de él: “Es un cordero cuando habla, pero un león cuando predica”.

San Francisco murió a los 74 años de edad y fue sepultado en la Iglesia de los jesuítas de Nápoles. Su canonización tuvo lugar en 1839.

Oración

«Quiero trabajar hasta el último momento.
Mientras me quede un hilo de vida,
me iré, aunque sea arrastrando, por las calles de Nápoles.
Si caigo bajo la carga, daré gracias al Señor.
Un burro de carga debe morir bajo su fardo».

Yoliana Pastran / Diario Católico

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