El abandono rosminiano se fundamenta en la indiferencia santa, al modo expuesto por san Ignacio. Lo cual no significa que nada nos importe, sino, más bien, que nada nos perturbe tanto como para alejarnos de la paz de Dios
Dios es como el agua que siempre fluye hacia los lugares más bajos (los valles). Si el corazón está alto por el orgullo, el amor divino resbala. Si el corazón se hace bajo (humilde), el amor de Dios se queda allí para conducirlo a la plenitud