Pero la Epíclesis no solo transforma las especies; también nos transforma a nosotros. Pedimos que el Espíritu Santo nos sature para que, al comulgar, quienes tomamos parte en la Eucaristía seamos un solo cuerpo y un solo espíritu
Los riesgos asociados son palpables en nuestra juventud y familias: el incremento de las dependencias digitales, el control social absoluto a través de la minería de datos y la mutación hacia nuevas formas de esclavitud psicológica y espiritual
Cuando el corazón del docente está inquieto, entonces aprende a escuchar la sed del otro, aprende a provocar preguntas, no solo dar respuestas, aprende, como afirma León XIV, a leer la vida bajo el signo de la Pascua, mirarla con Jesús Resucitado, es decir, encontrar el acceso a la esencia de la persona humana, a nuestro corazón
Nuestra ofrenda dominical debe prolongarse en el altar de la vida diaria a través de la solidaridad, la justicia y la entrega generosa. Una Iglesia que celebra la eucaristía es, por naturaleza, una Iglesia samaritana y servidora
El miedo es el gran paralizador de la misión. Nos encierra en una falsa comodidad y nos vuelve cómplices del silencio. Sin embargo, este texto evangélico es un llamado a la parresía, esa audacia santa para dar testimonio de Cristo sin temor al juicio social o al rechazo
El Papa León XIV rebate esta postura devolviéndonos la mirada al verdadero ser humano, cuya existencia se define por la relación, la fragilidad, el cuidado mutuo y el amor. En la visión cristiana, el límite no es un defecto: es lo que nos hace humanos
A partir de los siglos XI y XII, bajo el influjo de la espiritualidad benedictina y cisterciense, la devoción comenzó a peregrinar de la llaga exterior hacia el órgano interior