El pasaje evangélico de este domingo nos recuerda con precisión que "quien dé a beber tan solo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser discípulo, no perderá su recompensa"
Pero la Epíclesis no solo transforma las especies; también nos transforma a nosotros. Pedimos que el Espíritu Santo nos sature para que, al comulgar, quienes tomamos parte en la Eucaristía seamos un solo cuerpo y un solo espíritu
Los riesgos asociados son palpables en nuestra juventud y familias: el incremento de las dependencias digitales, el control social absoluto a través de la minería de datos y la mutación hacia nuevas formas de esclavitud psicológica y espiritual
Cuando el corazón del docente está inquieto, entonces aprende a escuchar la sed del otro, aprende a provocar preguntas, no solo dar respuestas, aprende, como afirma León XIV, a leer la vida bajo el signo de la Pascua, mirarla con Jesús Resucitado, es decir, encontrar el acceso a la esencia de la persona humana, a nuestro corazón
Nuestra ofrenda dominical debe prolongarse en el altar de la vida diaria a través de la solidaridad, la justicia y la entrega generosa. Una Iglesia que celebra la eucaristía es, por naturaleza, una Iglesia samaritana y servidora