El hombre contemporáneo suele medir la vida por lo que acumula o proyecta en una pantalla, creyendo engañosamente que evitar el sacrificio es la clave de la felicidad
El abandono rosminiano se fundamenta en la indiferencia santa, al modo expuesto por san Ignacio. Lo cual no significa que nada nos importe, sino, más bien, que nada nos perturbe tanto como para alejarnos de la paz de Dios
Esta presencia verdadera del cuerpo y la sangre de Cristo no es algo que nuestros ojos físicos o nuestros sentidos puedan captar. Como bien decía San Tomás de Aquino, solo se conoce por la fe, apalancada en la autoridad suprema de Dios
La Madre María Félix Torres encarna concretamente esta verdad, o por lo menos, así lo he intuido tratando de leer con atención lo que sobre ella se ha escrito
En esta confesión de fe radica el verdadero fundamento de nuestra esperanza. Jesús no es un personaje del pasado ni un mero maestro de moral entre otros; es el Dios con nosotros que da sentido a las alegrías y a los dolores de la existencia humana
El Catecismo de la Iglesia Católica, en sus numerales 1391 al 1395, nos recuerda de manera bellísima que el fruto principal de recibir la Eucaristía es una unión íntima con Cristo Jesús