Hoy, el "Caminante de Emaús" nos interpela como Iglesia. En un mundo que a menudo camina a ciegas, nuestra misión es ser esa presencia que escucha, que consuela y que "hace arder el corazón" a través de la solidaridad y la palabra oportuna
«El significado de esos latidos se ha reservado para que sea revelado en los tiempos modernos, cuando el mundo, envejecido y enfriado en el amor de Dios, necesite ser calentado de nuevo por la revelación de estos misterios»
No podemos permitir que se conviertan en instrumentos de corrupción o vacío; por el contrario, si los usamos con la sabiduría del Evangelio y el apoyo de expertos, se transforman en herramientas eficaces de comunión profunda
La repercusión de esta fiesta en nuestra vida cotidiana debe ser doble: recibir y ofrecer. Quien se sabe profundamente amado por Dios en su miseria, adquiere una nueva sensibilidad hacia el prójimo
“La resurrección de Cristo es el título que la Iglesia muestra al público para justificar su pretensión de ser ella un instrumento de la salvación del mundo"
Los grandes tratados de teología nos explican que la Resurrección es la confirmación, por parte del Padre, del estilo de vida de Jesús. Es la prueba de que Dios no estuvo ausente en el Calvario, sino que acompañó cada suspiro de la Pasión
El "tesoro" que recibimos en el altar es demasiado precioso para arriesgarlo. La eucaristía no solo alimenta a las personas, sino que plasma la cultura misma