El Evangelio ofrece la imagen exacta de lo que toca hacer: el samaritano cura al herido, lo carga sobre su cabalgadura y lo lleva a una posada para que se restablezca (cf. Lc 10, 30-35). “Esa posada es la Iglesia”
No es que Cristo vuelva a morir, es que el único y definitivo sacrificio que Jesús hizo en el calvario se desborda en el tiempo y alcanza nuestro presente
El pasaje evangélico de este domingo nos recuerda con precisión que "quien dé a beber tan solo un vaso de agua fresca a uno de estos pequeños por ser discípulo, no perderá su recompensa"