En la peregrinación al Santo Cristo, la fe se hace músculo, polvo, ampolla, pan compartido y vaso de agua brindado por un desconocido en la orilla del camino
En el canto III de la Ilíada, en medio de la tregua que suspende momentáneamente la guerra entre aqueos y troyanos, Homero construye una de las escenas más singulares de todo el poema; la llamada teicoscopia, o “visión desde la muralla”
La dignidad no se demuestra ni se posee, se revela en el rostro del otro, que interpela y exige una respuesta ética antes de cualquier cálculo racional
En medio del polvo y las grietas, ¿dónde encontramos hoy ese tesoro? Lo vemos en la solidaridad incansable de nuestras comunidades, en el pan compartido con quien lo perdió todo, en las manos de voluntarios que rescatan vidas y en la fe inquebrantable de las familias golpeadas
Como nos enseñó San Cirilo de Jerusalén, al presentar a Cristo inmolado sobre el altar, intercedemos eficazmente por aquellos que aún necesitan purificación, para que el Dios amigo de los hombres los conduzca a la luz y a la paz perpetua
El mundo, que es el campo de Dios, parece a menudo invadido por la cizaña: la división, la desesperanza y las heridas sociales que dificultan el encuentro