Hoy, ante los desiertos de la incertidumbre, encomendemos nuestra patria al Buen Pastor. Elevemos la mirada, bendigamos el pan de cada día y atrevámonos a ser las manos de Dios que alimentan, sostienen y devuelven la dignidad a nuestro pueblo
En la peregrinación al Santo Cristo, la fe se hace músculo, polvo, ampolla, pan compartido y vaso de agua brindado por un desconocido en la orilla del camino
En el canto III de la Ilíada, en medio de la tregua que suspende momentáneamente la guerra entre aqueos y troyanos, Homero construye una de las escenas más singulares de todo el poema; la llamada teicoscopia, o “visión desde la muralla”
La dignidad no se demuestra ni se posee, se revela en el rostro del otro, que interpela y exige una respuesta ética antes de cualquier cálculo racional
En medio del polvo y las grietas, ¿dónde encontramos hoy ese tesoro? Lo vemos en la solidaridad incansable de nuestras comunidades, en el pan compartido con quien lo perdió todo, en las manos de voluntarios que rescatan vidas y en la fe inquebrantable de las familias golpeadas