Venezuela conmemora 127 años de su Consagración al Santísimo Sacramento del Altar, en esta oportunidad con grandes deseos de refugiarse en el Señor para vivir el consuelo en medio de los daños ocasionados por el doble terremoto hace 8 días. Con la pérdida de más de 2290 personas fallecidas, la nación latinoamericana vive 7 días de duelo decretados por las autoridades nacionales.
El sacerdote Ricardo Elías Guillén Dávila, director nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) en Venezuela y vicario pastoral de la Arquidiócesis de Caracas, comparte en entrevista con Radio Vaticana – Vatican News el panorama que ahora enfrenta la sociedad venezolana, y en el que la Iglesia misionera asume un papel fundamental.
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“Hay un alto número de víctimas, de heridos, muchas necesidades urgentes de albergue, de atención médica, de higiene, etc. Es una situación que no solamente nos desborda, sino que es inédita”, son las impresiones del sacerdote, quien agradece también “la marea de solidaridad venida de distintos ámbitos. Nuestro pueblo desde la primera hora se ha hecho solidario y ha ido con sus propias manos a rescatar a las víctimas”.
Un signo de esperanza
Sobre el trabajo pastoral y misionero en esta realidad, sostiene el padre Guillén: “no olvidemos que nuestra tarea principal debe ser la de pastores. Es cierto que tenemos que acudir —la caridad de Cristo urge— a las necesidades materiales, pero lo que más se pide de nosotros, y que el pueblo anhela y necesita, es la presencia, la cercanía espiritual, el acompañamiento, la escucha y, sobre todo, los sacramentos; los dones de la gracia que queremos llevar a todas partes. Por eso la instrucción es que también vayamos a los albergues, a los refugios, que estemos con la gente, que lloremos, pero sobre todo que nuestra presencia de pastores pueda ser también un signo de esperanza en medio de nuestro pueblo”.
El director nacional de las Obras Misionales Pontificias en Venezuela comparte que han vivido de manera directa el luto con el fallecimiento de cinco jóvenes vinculados a la OMP que perdieron la vida en La Guaira: “nos llena de dolor, de conmoción, porque son vidas jóvenes que con gran entusiasmo servían, misioneros a los que el Señor ha llamado a su casa. Entonces, también estamos muy cerca de estas familias”.
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